martes, 5 de noviembre de 2013

Querer / amar

¿Querer y amar? La paradoja inherente a nuestros vínculos afectivos es que todos deseamos ser queridos, pero ¿cuántos amamos realmente? Y es que una cosa es querer, y otra muy distinta, amar. A juicio del psicólogo clínico Walter Riso: "Queremos cuando sentimos un vacío y una carencia que creemos que el otro debe llenar con su amor". En cambio, "amamos cuando experimentamos abundancia y plenitud en nuestro interior, convirtiéndonos en cómplices del bienestar de nuestra pareja".


domingo, 3 de noviembre de 2013

Tener éxito

Reír a menudo y mucho; ganar el respeto de gente inteligente y el cariño de los niños, conseguir el aprecio de críticos honestos y aguantar la traición de falsos amigos; apreciar la belleza; encontrar lo mejor en los demás; dejar el mundo un poco mejor, sea con un niño saludable, una huerta o una condición social redimida; saber que por lo menos una vida ha respirado mejor porque tú has vivido. Eso es tener éxito.Ralph Waldo Emerson". 


sábado, 19 de octubre de 2013

Facebook y su influencia

Un estudio de la Universidad de Gothenburg, Suiza encuestó a 335 hombres y 676 mujeres, con una edad promedio de 32 años y analizaron el uso de Facebook y su repercusión en la autoestima.Y encontraron una relación negativa y significativa entre estas dos variables. Es decir, mientras el uso de Facebook aumenta, la autoestima disminuye. Aunque la principal diferencia se encontró entre los géneros. Las mujeres que utilizaron facebook eran menos propensas a sentirse felices y contentas con sus vidas.

Los investigadores ofrecieron una posible explicación a estos descubrimientos: “Una teoría detrás de este descontento se puede encontrar en que las mujeres tienden a escribir más sobre sus pensamientos y sentimientos, mientras que los hombres pasan más tiempo provocando a los otros.”

El mero acto de comparación podría jugar un rol clave en el impacto de facebook sobre la autoestima.


Otro estudio, publicado en la revista Cyberpsychology, Behavior and Social Networking y conducido por la Dra. en Psicología Amy Gonzales y el profesor Jeffrey Hancock encontró una relación positiva entre el uso de Facebook y la autoestima en los estudiantes universitarios. “Cuando estamos conectados, podemos estar selectivamente auto-presentes. Podemos tomar más tiempo para responder y parece más ingeniosos.”

El estudio evaluó a 63 estudiantes de la Universidad de Cornell, quienes fueron divididos en 3 grupos en un centro de investigación social. Un grupo se sentó frente a computadores que tenían sus perfiles de Facebook, otro grupo se sentó frente a computadoras que estaban apagadas, y el último grupo se sentó también al frente de computadoras que estaban apagadas y que tenían espejos apoyados junto a ellos. A los estudiantes que tenían las computadoras encendidas, se les permitió, utilizar 3 minutos para explorar y editar sus perfiles.

Pasado los 3 minutos, se les entregó a todos los participantes, la escala Rosenberg de autoestima. Cuando los investigadores no encontraron diferencias cuando compararon el grupo con espejos y sin acceso a Facebook y el grupo sin espejos y sin acceso a Facebook.

Sin embargo, se encontró un crecimiento drástico en la autoestima del grupo que pasó los 3 minutos en Facebook; y aquellos que editaron sus perfiles tuvieron los puntajes más altos de autoestima de todo el estudio.

De acuerdo con la Dra. Gonzales, el estudio originalmente fue producido para analizar dos teorías opuestas de la comunicación. La teoría de la autoconciencia, que expresa que cuando un individuo centra su atención en el mismo, su autoestima puede verse afectada negativamente, ya que este enfoque hace que el individuo se concentre en todos sus imperfecciones o fallas. La segunda teoría que pretendían analizar era la teoría hiperpersonal, que sugiere que cuando las personas se centran en sí mismos, ven en ellos una luz positiva. Esta investigación con Facebook apoya la teoría hiperpersonal.

Estos estudios demuestran que el uso de Facebook influye en nuestro bienestar psicológico y nos hacen conscientes de cómo la visión de nosotros mismos nos influye.

Día del cáncer de mama

Un día como hoy podrían escribirse grandes textos en homenaje a todas esas personas que luchan y han luchado con el cáncer en general. Pero yo, honestamente, creo que esto no debería ser una lucha de familias y enfermos desesperados tratando de sobrevivir a una enfermedad devastadora, creo que la lucha debería ser de investigación, de políticas útiles y de avances médicos exitosos. Es demasiado el trasfondo en esta temática, y no entraré en ello, simplemente espero que algún día las personas estén por encima del imperio económico de la industria farmacéutica. 

martes, 15 de octubre de 2013

El elefante encadenado

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante

siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

El misterio sigue pareciéndome evidente. ¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.

Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosostros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. 

Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: No puedo y nunca podré. 

 Jorge Bucay